Dos sonetos de Lionel Henríquez

Dos sonetos en honor al Gran Rubén Darío, los cuales serán incluidos en una antología bilingüe que se lanzará en París el próximo año 2019 y que forman parte de las modificaciónes que he efectuado trayendo al soneto el ritmo griego, acentos, como es el caso del primero que corre de manera estadística, más de siete versos, que es mi visión de lo que debiera ocurrir, cuando se dice que tiene que construirse de manera preferente y del...

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Para Conocimiento y Fines. «Un decreto» (Soneto)

El dolor tocará fondo en la noria, extraerán tus manos el agua viva y con ella tendrás la curativa transformándolo en tu alma con euforia. En la mente será alguna historia para tenerlo en cuenta con cursiva y leerla en voz alta y deductiva aplacando en el pecho toda escoria. Como siempre será otro recuerdo volverá a intentar lavar tus ojos con silencio mortal y poco cuerdo. Llegarán días y horas con cerrojos que darán nuevos pasos sin...

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A manera de prólogo del libro «Sobreviviendo. Sonetos peregrinantes» de Lionel Henríquez

«Alfonso Reyes creó entre nosotros el precedente de las notas sobre su propio libro. Cargue él, sabio y bueno, con la responsabilidad de las que siguen. Es justa y útil la novedad…Una cauda de notas finales no da énfasis aun escrito, sea verso o prosa. Ayudar al lector no es protegerlo. Sería cuanto más saltarle al paso, como el duende, y acompañarlo unos trechos de camino, desapareciendo enseguida… Gabriela...

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Profeta (Soneto) – Prematuro (Sonetillo)

Profeta (Soneto) Alumbrada la tierra por sonrisas el sendero se muestra a ti peregrino buscador del buen Dios en el destino quien reinventas tu marcha sin premisas. Con recuerdos de fotos en repisas tú, recreas los pasos de adivino resguardando tus ojos de felino de la noche y del día en las pesquisas. Eres búho y mago de la luna y aunque mires con ojos en ayuna las piedras del camino serán cliché. Como “dios” lanzas dados, tu fortuna...

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La navidad de Luisa

… Al entrar a la habitación, me sorprendió la fragancia etílica lanzada a los mirabeles marchitados que reposaban en una alcarraza al lado del lecho donde permanecía acostada. Luisa, llevaba tres años y medios abandonada a las mercedes de una vida larvada, hallando glorias efímeras en las alboradas ardientes, blandiendo así los fueros de sus padecimientos febriles. Sus cabellos auríferos orlaban su rosáceo rostro, donde destellaban...

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