Angel López Martínez, un poeta olvidado

literatura

Deseamos unirnos al ya lejano y merecido homenaje literario que la Casa de la Mancha en Madrid celebró en memoria del poeta Angel López Martínez, fallecido en Valladolid el día 13 de marzo de 1978. Cuando ha transcurrido ya varias décadas de su muerte, queremos recordar, con uno de sus últimos poemas, sus grandes valores poéticos que aún no han sido ponderados con la ecuanimidad que hubiera sido de esperar.

PROMESAS DE LA TIERRA

Como una ola ignota, como un mar de quejidos
ancestrales, el hombre
desemboca
en su soledad.
En su camino, a trechos se moldea
como un cobre vil; como un tren de nostalgia
hace su comba. Mientras el tiempo configura
ese monstruo engañoso de su apariencia.
Alza en su mente, surca y configura la tierra
de su invasión. Su razón, su mar es
horizonte y aprisco
de un caz milenario, desde donde, cada día resucitado
nos mira el hombre.

Siempre hay un hombre,
un hombre sin tiempo que nos mira, insomne, y nos habla
misteriosamente, a través de esa ventana
del tiempo. Su palabra
va acompañada
de una pisada-lamento
o rugido
desde el principio de las más antiguas resinas
comunes, donde todo tuvo sus comienzos,
donde todo fue hecho, tal vez
hasta esas sequías de Dios que, a veces el hombre padece.
Todo fue, todo es desde sus comienzos,
como una antigua desazón del tiempo.
Todo fue hecho y se repite a diario
como la soledad, como la angustia del hombre.
El hombre, con su lamento, con su raiz de árbol,
es un inscrito en el tiempo. No es repente ni instante
como la lluvia: el hombre estuvo en la idea de Dios
antes de ser carne, antes de martirio y cruz,
antes que corriente y río, antes fue
que la duda y la tristeza germinó entre el rumor y el sueño,
y se hizo bronce y ola, barro y nieve
en su despertar de río y de cañada.
Río, pozo, antifaz, cadena es el hombre. Recio, horizontal
viene
del mismo sauce-misterio de su selva, de la misma ansiedad
y del mismo grito humano de su cárcel, donde, inmerso,
temprano llega a la soledad y al desamparo.
El hombre es un bloque de amor sin libertad. Su ideal, su llanto
es senda milenaria que aterriza en el tiempo. Noticia
del cosmos que increpa
a los vientos de las libertades todas;
precarias libertades que, un día, ola tras ola
se hacen mar, tempestad en el tiempo. El tiempo
no es, a fin de cuentas,
más que una batalla sin concluir. Y las revoluciones, todas
las que fueron, desde la menor queja, son, pizarra,
y como un murmullo de mares internos y fieros
que luchan sin piedad contra la Historia y las conciencias.
Sí, los muertos todos, los enterrados y los desterrados
hicieron durante siglos
matemáticas con sus huesos. Y el hombre, con su mar
de dudas, con un mar que sueña
heredado y solo
se continúa
y continúa llamando indescifrable a sus misterios.
El hombre es la más intensa locura de Dios. Heredero
de un puente de horas, heredero
de los ríos
y de las corrientes todas, heredero
de la lluvia nueva, heredero
de la espiga y de la vid; de las Culturas
y del Arte; del insomnio: el hombre es historia y paso.
Y crecerán, bajo el estiaje, nuevas siembras,
y la tierra seguirá hasta el fin
con sus Promesas.

Angel López Martínez

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1 Comment

  1. Veo que en Tomelloso, que quizás fue su pueblo, hay un premio que lleva su nombre, pero por más que miro las Historias de la Literatura, no aparece nada de este desconocido poeta. Hay otro “escritor”, también apellidado López Martínez, que probabñlemente sea hermano del anterior, y absoliutamente desconocido fuera de las lindes de Tomelloso. He leído algunas cosas de él aquí en Internet, algunos datos biiográficos, quizás escritos por el interesado, pero , insisto, es un escritor ·fantasma”, sólo conocido en los ámbitos tomelloseros y similares, aunque él se pone en una entrevista que he leído aquí y alguna cosilla más, lanzzada por él en estas páginas, como si fuera Lopeza de Vega por lo menos. Creo que hay que saber discernir entre un escritor o poeta de verdad y otro de pacotillas, fruto de su autobombo, pienso yo.

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