Los plagios, a la orden del día en el mundo del libro actual

Las acusaciones de plagio salpican a algunos de los escritores más vendidos en la actualidad. Una tendencia que parece que prolifera cada día más entre los fabricantes de Best Sellers. Hemos encontrado un artículo sorprendente sobre este tema que creemos interesante reflejar aquí.

«BUENOS AIRES, (Télam).- El juicio que afrontará Dan Brown, acusado de plagiar en su célebre «Código Da Vinci» a otros autores; el mea culpa del escritor argentino Jorge Bucay, que copió parte de un texto de una filósofa española en su último libro, y el cuestionamiento de un miembro del jurado del Premio Planeta en España, por la calidad de las obras presentadas, arrojaron en 2005 un nuevo manto de sospecha sobre el universo literario.
También, este año, la Corte Suprema de Justicia dejó firme el fallo que condenó al escritor Ricardo Piglia y a la editorial Planeta a pagar una indemnización de 10.000 pesos a Gustavo Nielsen. Este novelista inició una demanda porque consideró que el Premio Planeta 1997 habría sido direccionado para que resultara ganadora la obra «Plata Quemada», de Piglia.
El tema del plagio de obras no es nuevo, pero las denuncias constantes han generado un clima enrarecido en el que cualquier escritor puede ser sospechado de haber copiado desde un tema -como la relación de María Magdalena y Jesús, en el caso de Brown- o el olvido de una cita, como parece haber ocurrido con el historiador Felipe Pigna. El caso Bucay no lo pudo explicar ni el propio Bucay.
A principios de mayo, un juez de Nueva York comenzó a investigar si la novela «Código da Vinci» de Dan Brown, récord en ventas a nivel mundial, era un plagio de dos libros publicados por Lewis Perdue («Hija de Dios», publicado en el 2000, y «La Herencia», de 1983).
A su vez, los escritores británicos Michael Baigent y Richard Leigh demandaron en octubre a la editorial Randon House, que publicó el best seller, por considerar que Brown transcribió datos exactos del libro «La Sangre y el Santo Grial», escrito por ambos en 1982. El juicio comenzará el 27 de febrero y de ser declarado culpable Brown deberá pagar 150 millones de dólares estadounidenses.
Por su parte, la española Mónica Caballé denunció que 60 de las 270 páginas del libro «Shimriti» -el último éxito de ventas del psicoterapeuta- fueron copiadas casi textuales de su obra «La sabiduría recobrada». Bucay no quiso explicar el motivo que lo llevó al plagio y se definió a sí mismo como un «docente repetidor de cosas. Yo aggiorno y modifico. No soy el gran pensador o sabio que se quiere hacer de mí».
Casi al terminar 2005, una periodista apuntó sus dardos sobre el historiador Felipe Pigna, acusándolo de haber incluido en «Los mitos de la historia argentina» una nota suya sobre Túpac Amaru escrita hace cuatro años.
«Se trata de la omisión de tres citas que una vez advertidas fueron entregadas a la editorial para su inmediata corrección, lo que lamentablemente no ocurrió por motivos ajenos a mi persona. La corrección ya fue efectuada y en la edición que está en imprenta ya están incluidas», explicó el escritor.
El escandalo y la polémica también llegó este año a los certámenes literarios con motivo de la 54 edición del Premio Planeta en España, cuando el escritor Juan Marsé, miembro del jurado, manifestó su desacuerdo en que el galardón se otorgara, como se hizo, a María de la Pau Janer y al finalista, Jaime Bayly, por la «insuficiente calidad literaria» de sus novelas.
Marsé dejó su puesto como jurado del premio -dotado con 601.000 euros-, cuyo nivel calificó de «bajo» e incluso de «subterráneo» en algunos tramos. «Estamos obligados a votar la menos mala. Desde el punto de vista comercial el Planeta funciona, pero desde la óptica literaria es más que dudoso», remató. Otro de los miembros del jurado, Rosa Regás, dijo a Télam que si el nivel de las novelas presentadas en un concurso es bajo, «también es bajo el nivel del país. ¿Que puede hacer el Premio Planeta?, en un país como España en el que hay alrededor de 400 premios anuales; es imposible que en cada uno salga un Borges».
A fines de noviembre, el Premio Tusquets de Novela, que se fallaba en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en México, y el X de Novela Corta «José María de Pereda», fueron declarados desiertos en pleno debate sobre la calidad de los concursos literarios.
El Premio Nobel de Literatura José Saramago, en la entrega del último Premio Clarín de Novela, calificó el concurso de «muy honesto» y agradeció el trabajo realizado por el prejurado que leyó la totalidad de las 1.367 obras enviadas, una manera de aclarar que es imposible para cualquier jurado leer hoy la cantidad de obras que concursan.
La proliferación de concursos literarios en los últimos tiempos, ha agudizado los cuestionamientos, pero hasta ahora no es fácil para la mayoría de los noveles escritores prescindir de ellos. Es que los concursos literarios ofrecen la posibilidad de salir del anonimato e incorporarse -muchas veces con condicionamientos- a un circuito cada vez más esquivo con la literatura.
Con la mira de la industria puesta en los títulos que más se venden, queda poco margen para aquellos que se animan con ciertas estéticas alejadas del consumo masivo.»

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