El domador de ilusiones

No es habitual encontrar un libro tan sorprendente como El domador de ilusiones. Digamos que, entre los adjetivos que uno almacena para ocasiones en las que lo convencional resulta indefinible, ninguno se adecua a lo que acabo de leer. A medio camino entre el Lazarillo de Tormes y El mundo de Sofía, a caballo entre la picaresca y la filosofía, don Carlos Rincón Humada propone un nuevo género en el que todo es posible.

La original obra nace con Julián, personaje bien estructurado que crece en un mundo que él mismo, por falta de atención, inventa. Con un lenguaje socarrón, lírico, prosapoético, Carlos entremezcla situaciones verdaderamente cómicas con otras eminentemente dramáticas. Mari, la vecina sucia por la que pierde el sentido, su ex, fea como ella sola, una fábrica de preservativos, un médico innovador., son algunos de los ingredientes de esta primera parte del libro.

Sin tiempo para reaccionar, entra en escena «El Abuelo». El discurso cambia por completo, el estilo se relaja y el ritmo se ralentiza considerablemente. De la picaresca a la filosofía en un solo golpe de timón. Carlos, en esta parte, deja entrever las cuestiones fundamentales que nos gobiernan, los porqués de tantas preguntas sin resolver a través de un punto de vista muy personal, que puede o no ser compartido por el lector, pero que en todo caso está bien argumentado. Paulov, Bandura, Tales de Mileto, Platón, el psicoanálisis, los conductistas., son, en esta segunda parte, el cóctel explosivo que sirve de manifiesto cuasi existencial: somos lo que mamamos, frutos maduros o inmaduros de nuestra sociedad.

Esta inteligente locura de nombre El domador de ilusiones puede sorprender a cualquiera.

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1 Comment

  1. El libro me ha parecido genial, sobretodo las pequeñas historias y fábulas que incluye en el mismo.

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