Renacer

RENACER

Sobre nuestros cuerpos vertiéronse
las copas del abismo,
ungiendo en cada frente un aceite de penas
inmiscible a la dicha;
y lenguas afiladas fueron dagas glaseadas
que cortaron de pronto el hilo del camino.
Al cambiar el destino
fuimos cayendo a un vacío distante
que fue hiriendo los ojos,
mutilando los cuerpos,
aguzando gemidos.
Entonces vino el miedo de no saber andar
al no hallar lo perdido.
Nos fue abrazando el cuerpo
de inexorable trampa
que ahondó en nuestros espíritus,
más no hay filo cortante
que haga raya al diamante
siempre que sea auténtico.
Por eso no cegaron nuestros ojos amantes
ni de los corazones cesaron los latidos,
que aún con los huesos masacrados y rotos
polvo del polvo, renacimos.
JK

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