La escuela crítica

CONCEPCIÓN CRÍTICA Y PENSAMIENTO POSTMODERNO

Durante los años 60, en el panorama pedagógico se crea un ambiente de discordia con la aparición de escuelas que critican fuertemente el Neopositivismo. Entre ellas está la Escuela Crítica o Neomarxista, que apuesta por la concepción de la escuela como motor del cambio político y social, por lo que denuncia la transmisión de valores establecidos y de ideologías implícitas en la selección de conocimientos, ya que afirman que lo importante es que el alumno sea cada vez más consciente de su sistema de valores, y sea capaz de hacer una reflexión crítica de su realidad, matizarla y, así, evolucionar como individuo. Hoy en día existe una rotunda tendencia hacia muchos aspectos de esta corriente en la formación de profesorado, pero evidentemente los intereses de la política demagógica que existe en las democracias “ejemplares” europeas van en sentido contrario. Si las grandes masas son profundas ignorantes y además se las prepara para que no sean capaces de solucionarlo por si mismas, solo hará falta pan y circo, y comerán de tu mano; por no hablar de la instrumentalización del miedo, de la xenofobia,… con finalidades políticas y económicas, basadas en la ignorancia y en la manipulación de las masas por parte de las elites. Por todo ello, los verdaderos intereses y prioridades socio-políticas derivan en grandes carencias de todo el profesorado, existiendo aún un ambiente conservador instaurado desde hace décadas, que “muda de pellejo” con las nuevas leyes orgánicas, pero que no cambia en esencia.
Es importante, según los radicales o críticos, introducir problemas relevantes, socialmente urgentes e importantes en la enseñanza. Está claro que en esto tampoco van ha hacer mucho hincapié los gobiernos actuales.
En el ámbito de las Ciencias Sociales se tratarán temas como el bienestar, el respeto y los derechos humanos, la desigualdad, la pobreza,…; añadiendo a los contenidos curriculares el descubrimiento de la intencionalidad de los hechos y el conflicto en matices y alternativas propuestas, induciendo a la argumentación de éstos, a su debate y contextualización, necesario para su comprensión y asimilación, y para una educación íntegra además de productiva. Esta concepción necesita una participación activa de los alumnos, resaltando la intencionalidad en la construcción del propio conocimiento y el trabajo para el bien propio y común, preparándolos para un compromiso activo en la sociedad y en la política, en definitiva, una educación para la democracia en su sentido estricto.
El profesor toma el papel de orientar a los alumnos a través del conocimiento social hacia la matización las preferencias y valores que deben regir la acción social, ya que se provocan muchas reformas en la formación del profesorado con la demostración de que el proceso educativo es intencionado.
A partir de los 80, cuando según algunos autores nace el postmodernismo, la corriente humanista crea vertiginosamente un relativismo que lleva a la subjetividad extrema la concepción del mundo, marcando fuertemente a la ciencia y a las culturas capitalistas y su educación. Personalmente creo que es el comienzo del declive hacia la crisis del paradigma antropológico científico.
Se pone en evidencia que el conocimiento social es relativo e intencional, ya que hasta las interpretaciones con gran poder explicativo están influidas por ideologías, intereses y necesidades del momento histórico, relativizando los conceptos de las Ciencias Sociales. Comienza el fin de los caracteres dogmáticos. A su vez, toda esta desistematización y subjetividad puede llevar según algunos autores a paralizar las alternativas propuestas para una mejora social, aunque mi opinión al respecto es que la relativización y la individualización de las interpretaciones son incompatibles con un sistema globalizador como el actual, haciendo ver que posiblemente la humanidad va dando pie a otros tipos de sociedades, muy lejos de la idea actual de país democrático. Pero para llegar a este consenso entre las distintas alternativas, estas personas han debido ser educados para la comprensión, tolerancia, crítica, reflexión,… de las distintas ideas para llegar entre todos a dicho acuerdo, que asume su relatividad y contextualización desde sus orígenes, y que la activa participación política y social de estas personas la harán evolucionar activamente. Aún así, “donde haya dos ideas, dos intereses, un desacuerdo entre personas; encontraremos la retórica y la demagogia de la palabra y el pacto”.
El currículo crítico propone llegar a una autocomprensión, con la cuál se llega a ser consciente de lo que cada uno piensa y por qué piensa así, y que será la única manera de ser conscientes de las influencias que intervienen en nuestras interpretaciones, induciendo al diálogo para reconocer su autenticidad y limitaciones, y a su negociación, por lo que se crea un clima de intercambio simbiótico entre las personas potenciando la educación de los mismos, apareciendo nuevas influencias en la propia realidad individual. En este campo se trabajan los conocimientos previos del alumno, de donde partirá su aprendizaje.
La didáctica de las Ciencias Sociales intenta provocar a partir de esa interdisciplinariedad y relatividad de los contenidos, debates en los que las tensiones creativas inciten a un diálogo entre la pluralidad de interpretaciones, óptimo para un aprendizaje significativo. Solo estudiando en pequeñas y grandes escalas a la vez, y su impacto sobre los lugares, se podrá contextualizar un problema, matizar las interpretaciones y llegar a una idea globalizada en consenso. Las Ciencias Sociales se orientan hacia el desarrollo de este proceso, en el cuál crece el potencial crítico y comunicativo del alumno, dos de las armas más potentes de la autodidáctica, ligada estrictamente a la intencionalidad del proceso educativo, y de la educación en si.
Un concepto determinado adquiere forma en el conocimiento del alumno cuando éste lo razona y lo fusiona con sus conocimientos previos, de tal manera que signifique una “transposición positiva” para aprendizajes anteriores y posteriores.
“En Las Hurdes* de principios de siglo, los alumnos aprenden Álgebra y Aritmética en la escuela, pero cuando vuelven a sus casas descalzos y no tienen que comer, difícilmente aprenderán la tarea. Además de estudiar cuidan cerdos, trabajan varias horas diarias, y difícilmente se llevan algo a la boca. Tierra sin pan (Buñuel, Las Hurdes 1932)” ¿No deberían aprender siquiera como conseguir alimentos para poder comer todos los días? La escuela avanza o debe avanzar hacia una permeabilidad con el mundo que la rodea, llevando la realidad de la vida a sus aulas, como ya opinaba Decroly. Éste basaba el aprendizaje en la observación directa, implicando la apertura de las aulas a la realidad de los individuos que la componen y un crecimiento del espíritu crítico latente en cada uno; en la asociación de conceptos, que va unido a la intencionalidad del aprendizaje y que provoca una serie de demandas didácticas como serían las técnicas de motivación, recíprocamente un mayor reflejo de la realidad en el aula, etc.; y en la expresión (factor decisivo según nos dice Vigostky en sus teorías Sociointeractivas), con la que toma firmeza cognitiva el concepto estudiado. Estas fases encuentran equivalencia en la asimilación y la acomodación, según Piaget. Por consiguiente, los conocimientos del alumno no son fracturados ni estáticos, sino que sufren continuamente un proceso de transformación, que a duras penas las enseñanzas y concepciones positivistas podrían lograr.
El Método Natural que propone Freinet se orienta en esta nueva visión de la escuela, proponiendo metodologías de indagación, observación, entrevistas, etc.. Realza el concepto de “Ciencias Sociales Vivas” proponiendo el análisis del medio y derribando los propios muros de las aulas creando un aula sin muros (Carpenter, E. y McLuhan, M.; 1960), homogenizando los contenidos a la realidad exterior.
El uso del libro de texto como único material didáctico es contrario a esta concepción de la escuela, creándose otra necesidad didáctica de bastante envergadura. Ante este problema se plantean nuevas metodologías y estrategias como la confección de un propio material educativo innovador y abierto que realce la construcción del propio conocimiento del alumnado mediante actividades motivadoras (destacando la importancia de los juegos como instrumento didáctico), y, en definitiva, que propulse la intencionalidad del proceso de aprendizaje. Otra estrategia es la confección de actividades y juegos didácticos que tengan como objetivo el análisis, interpretación y aprendizaje del tema trabajado en clase, haciendo que el alumno relacione esos conceptos con sus vivencias y se perpetúen en su conocimiento.

*Las Hurdes, donde Luis Buñuel desarrolló en el 1932 un documental sobre la tercermundista situación de los pueblos que la comprenden. Contrasta desde una perspectiva europeizada gran variedad de aspectos sociales, entre los cuales aparece la nula relación entre la escuela y el contexto social de esos pequeños hombrecitos forzados.

Otro aspecto importante en la Didáctica General y de las Ciencias Sociales de este modelo es hacer que los alumnos se familiaricen con las distintas y múltiples fuentes, tanto primarias como secundarias, y con la observación directa de éstas, que ayudará a conocer la historia y a investigar sobre ella.
La didáctica debe hacer hincapié en la preparación del alumno para que el mismo sea capaz de observar su entorno y aprender en cualquier situación. Cuanto más despierta y entrenada hacia la observación/investigación esté una mente, mayor será su flujo de aprendizaje, ya que será capaz de abarcar y criticar mayor cantidad de información de las distintas fuentes. Aquí también juega un papel muy importante la Sociointeractividad de Vigostky, dando un papel muy importante a la optimización del lenguaje y la expresión oral y escrita para la comprensión del supuesto mensaje.
Mucho antes de los comienzos de la escritura, la fuente principal de información/conocimiento era el medio que nos rodeaba, analizado e interpretado a partir de la observación directa. En las corrientes positivistas se olvida esta capacidad innata del ser humano, y esto distancia el mundo exterior del aula. La tendencia de la educación debe estar orientada hacia una actitud crítica, ya no solo con lo que observamos en nuestro entorno, sino con las distintas y variadas fuentes de información que serán de vital importancia a la hora de contrastar los datos que nos ofrecen y así obtener una visión más objetiva e imparcial del objeto de estudio.
Por ello, los modelos didácticos que requieren las sociedades “desarrolladas” actuales deben potenciar la manipulación por parte de los alumnos de las fuentes de información, que con el desarrollo tecnológico del siglo XX se han multiplicado, ofreciendo una amplia gama de medios que los alumnos deben manejar con soltura, y que unido a una formación crítica, potenciarán las capacidades cognoscitivas y la predisposición e inquietud hacia el desarrollo de su propia educación.

Trabajo de Magisterio, (Didáctica de las CC Sociales).Alumno: Alberto García

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3 Comments

  1. me gusto mucho tu trabajo, y me fue de gran ayuda para mi tarea.

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  2. necesito saber exactamente que diferencias hay entre escuela nueva y escuela critica! gracias

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