Camping Apocalipsis

   Corría el año 1970, un verano realmente caluroso. El domingo es ideal para conocer el nuevo balneario que inauguraron. Estos son mis últimos días en casa, porque para marzo voy a empezar la facultad y no me queda otro remedio que irme a vivir a Córdoba, atrás quedaría la vida tranquila de Arroyito. Espero que la carrera de medicina no sea tan complicada, aunque por lo que me han dicho no va a ser nada fácil.
   -Vamos Eli- me grita mi mamá Ana, así que dejo a un lado las carpetas y  salgo afuera, mis padres ya me esperan en su coche nuevo un Ford Falcon. La fábrica de mi padre Carlos Pagani esta prosperando y hoy en día podemos darnos ciertos lujos, ¿Quién diría que fabricar caramelos fuera tan rentable?
    Camping Apocalipsis… un nombre tan enigmático como sus dueños la familia Fender, venidos de Malagueño. Son simpáticos a la hora de tratar con la gente, pero se corren rumores que  son espiritistas algo muy típico en su ciudad, tiran las cartas y que estudian la magia negra pero no se sabe con certeza. Son las diez de la mañana y ya esta lleno. Nos hacemos un espacio entre la multitud, el lugar no es muy grande pero han arreglado bien, sin cambiar la naturalidad del ambiente. Solo unos baños están hechos de ladrillos, a todo lo demás se las ingeniaron para hacerlo con madera.
   Mis padres se ponen a tomar mates y yo salgo a caminar, mi pelo largo y negro y mi cuerpo bien desarrollado me hacen una mujer hermosa o eso es lo que me dicen algunos atrevidos como por ejemplo ahora, miro por encima de mi hombro pero no me siento atraída por ninguno del grupito que buscaba alardear, además mis pensamientos ya se centran en la facultad y un novio en este momento arruinaría mis planes.
   Sin darme cuenta llego hasta la otra punta del balneario y el alambrado corta mi paso, de aquí en más solo queda la inmensidad del monte, recorro el inhóspito lugar con la vista y alcanzo a distinguir una pequeña silueta que se desliza por esa marralla  de churquis y arbustos, me pregunto como pudo llegar tan lejos, el monte parece inaccesible.
   Empiezo a buscar algún paraje o un camino secreto, esa silueta ha despertado mi curiosidad de una manera increíble, quiero saber quien es y mejor aún a donde se dirige. Finalmente logro divisar entre la vegetación un sendero oculto, casi imperceptible, sin dudarlo siquiera un instante cruzo el alambrado y voy tras la extraña persona.
   La gente del pueblo la busco incesantemente durante meses, pero no la encontraron, no había rastros de ella, parecía que se lo hubiese tragado la tierra. El municipio ordenó cerrar el balneario, los padres de Elizabeth vendieron la empresa y se mudaron a otra localidad, en cuanto a los Fender nadie supo que hicieron. Con el tiempo todos se olvidaron del lugar, pasarían treinta años hasta que fuera visitado nuevamente…(continuará)

Jordan Bitochi

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