Cada noche entro en la habitación del fondo

Cada noche entro en la habitación del fondo.
Al poco llega un demonio y cierra la puerta.
Se sienta y me mira.
Sé  que un día va a decirme algo, pero aún no lo ha hecho.

A veces me miraba durante toda la noche.
Yo no podía.
Una vez pensé que iba a hablarme.
Diría que lo hizo, pero creo que fue sólo un susurro.
Ahora no puedo recordarlo con claridad.
Mañana estaré allí de nuevo.
Esperándole.

La forma del demonio no sabría decir cuál era.
Yo le veía nítidamente, pero por la mañana no podía recordarlo.
De noche sabía que era real.
Pero de día pensaba que era un sueño.
Cada noche, en la habitación del fondo, el demonio entraba y cerraba la puerta.
Y yo, cada noche, acudía como un muñeco a hacerle compañía.
O él venía a hacérmela a mí.
En la profundidad del sueño.

Creo que hice algo en aquella época.
Pero me cuesta recordarlo.
Hay paredes muy altas, que forman laberintos.
Parecen bajas, pero cuando me acerco, son fabulosas.
Son duras.
Oscuras.
A veces están húmedas.
Como si goteara algo.
Pero cuando miro mis manos, están secas.
Creo que el día y la noche eran más largos de lo habitual.
Y también me parece que hacía algo que ahora no recuerdo.
Goteaban cosas del techo.
Pero todo estaba seco.
Las paredes se acercaban si me estaba quieto.
A veces las dejaba aproximarse, pero no podía soportarlo y me levantaba.
Entonces se combaban.
Con su peculiar fisonomía.
A veces me tocaba las manos y sentía que eran garras.
Pero cuando las miraba, eran manos.
A veces goteaban.
Pero estaban secas.
A veces había bultos por el suelo.
Pero cuando me acercaba no había nada.
Había algo de luz, podía verla por el rabillo del ojo.
Pero cuando la miraba, otra vez estaba en el rabillo del ojo.
Las paredes se movían, se doblaban hacia abajo desde la profundidad del sueño.
Las manos me goteaban y me parecía que sujetaban unos brazos muy delgados.
Pero cuando las miraba estaban secas.

A veces creo que eran garras.
Pero cuando las miraba, eran manos.
Si cerraba los ojos, podía tocarme y sentía que tocaba un monstruo.
Pero si abría los ojos, no había monstruo.
La luz se movía siempre en el perímetro del ojo.
Puede que pareciera un monstruo, pero cuando abría los ojos no lo era.
Siento que tengo unas garras, que aferran unos brazos muy delgados, que están goteando.
Monster

 
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