Algo de alguien

A ti te digo, aun no me escuchases… ¿Qué es soledad? Que más quisiera si no la viviera… ¡Pero sólo si solo me encuentro! Si en la soledad es que me veo, ¡qué culpa mía no sea! Mas si la vivo y yo me lamento, es que sí es que solo me encuentro.
Quién me cubre si yo me lamento… ¡También es que solo se encuentra!… “Y no saber la razón”… ¿nos falta la inteligencia? ¡Por qué perder la razón! ¿La tengo? Sólo la encuentro, si a mí mismo me encuentro.
Qué mejor compañero, ¡que verme a mí como amigo! Porque al tenerme a mí mismo me digo, ¡tú eres mi amigo! Mi fiel compañero…
Recuerdo en mis juventudes, ¡ay!… Compartir tu sombra y mi abrigo, ¡y no por desdicha la vida nos dijo! Ya que en amores nuestra alma desnuda, ¡sin temor a las consecuencias! En dulces romances confundimos olores, fluidos mezclados… Potrillos lo fuimos gozando forrajes… ¿quién nos condena?… Y si lo hacen… ¡faltas de ello, envidias, rencores!… Pero es su lamento, aunque decirlo no quieran…

Algo, tanto, mucho, escasa, nutrida, la vida me fue, ¿acaso me quejo? Asumo ya mi vejez en tanto me venga… aunque cerca la tengo…
Vanidades sí tuve, aunque las reprocho con timidez. Pues… no pequé de insolencia… creo… Ya que, ¿quién en sus mocedades, por su porte y altiva presencia, ha de avergonzar su presencia? Pues, no faltándome cualidades, las cuales, se me hizo ver y entender, ¡absurdo negar evidencias!
Pero, ¡anda que no han cambiado los tiempos! Aunque, “el hoy y el ahora”… Pues, si en el entonces… bigote azabache de rígido pelo, tallado en la comisura del labio resaltando contorno el cual aún me une. El ahora… tupido es el vello que viste mi rostro de claros cabellos. Pero, ¡es bello mi vello que bello lo veo!

La frente clarea, aunque en mi parecer, me otorga presencia al igual que apariencia de porte abolengo el cual sí que tengo.
Y, aunque mis vestimentas, por mi vientre convexo lucirlas desluce, ¡pero no en demasía! Hidalgo me hallo cuando con ellas me envuelvo. Y siempre al aire pregunto, ¡aunque bien me sé la respuesta! Elevado linaje el que has de tener. Ya que, ¡tu prosapia figura por sí sola se explica!

¿Acaso refugio en pasados encuentro? Si nostalgia existiese evocando pasados… será que solo me encuentro… ¡Y no es por falta de ganas que el presente rebose de pasados obrados! Ya que si bien, la lozanía que mi mocedad ostentaba, no se coteja al otoño presente. Aunque, ¡gallardía no falta!
Pero… en males me hallo en este momento, que si bien abrazan adversidades, vedan aparte mis facultades. Ya que, ¡no por asimetría! Ni tampoco desigualdad. Pero, sí me falta lisura en el caminar. Aunque, tampoco tacto yo tengo, concerniente a lo que es sensación. Pues, prudencia, maña y destreza… ¡con mucha mesura a la hora de obrar! Ahora, ¡la maña con maña se aprende, ya que sin ella a la hora de obrar, aunque destreza con ella no cuento, pero sí disimulo mi habilidad!

¡Basta ya de lamentos! Eso me digo sin vacilar. Pues, ¿el lamento? Sólo conduce a más soledad. Puesto que, el lamento me priva en acción, ¡que justamente es mi deseo! Aunque, por facultades, si bien no es mi deseo, en tanto que aspiro a mejor situación, en este momento, carezco de tal condición. Pero… ¿revivir un eterno lamento? ¡Ni es mi deseo, ni acato tal sinrazón!

Pues, la ciencia ahora en mis tiempos, ¡rauda en develamientos, descubrimientos! Por lo tanto, tan sólo he de esperar solución.

¿Qué pretendes, qué proyectas, a qué aspiras?… Me digo cada mañana… Me pregunto al amanecer… A corto plazo, yo sólo pretendo, yo sólo aspiro… Visitar las profundidades de una Cibeles. Mater Turrita. En rito orgiástico acompañado por gritos salvajes y frenética música; el dulce sonido de una melódica flauta; retumbar de tambores y de timbales… y, alguna que otra campana; címbalo; platillo. Falo al igual que minero, laucha, astuto, sagaz, ahondando la tierra entre nife y sial, ahondar su vagina y, aunque carente de ojos, dejar que su tacto lo mime. ¡Qué lo abrace! Y, que al igual que volcán que en erupción arroja su lava, que arroje el esperma en tremendo estallido.

Pero… ¿y a largo plazo?… ¡Ay!… A largo plazo, ¡qué es lo que anhelo!… ¡Callo!… No deseo revelar mi secreto. ¡Aunque retenerlo, si sólo es razón de aguardarlo, me ahoga! Y en la duda aunque por recelo me encuentro, y… ¡me urge contarlo! “Y no por necesidades me apremia el hacerlo”… “Ya que en el caso”… ¡no existen deontologías!…

Sí que he de contar mi secreto. Pero… ustedes… si quieren… desentrañarlo lo han de lograr, ya que en lo escrito lo han de encontrar, aunque no cite el cómo ha de ser.

¡Ay!… Sin llegar a violencias, ¡aunque sí con dicciones, mis expresiones! Lenguas viperinas enmudecer. Palabras soeces poder acallar. ¡Prepotencias, mentiras, soberbias, creencias adormecer! Y con mi palabra poderlas turbar…

Este, no es mi secreto… Pero no se halla lejos de él.

Si la vida tan solo alumbrase una esquirla. Si viera el tal asidero, en el cual me pudiese prender… ay… Si encontrase el agarradero… Sí… Pero, ¿y saberlo? Es algo que aún no lo sé. ¡La esencia de la existencia, que en mi puño pudiese caber! ¿Quizá siempre estuvo delante, aun no pudiéndola ver?… Quizá… Quizá la tenga delante, ¡tal vez la tenga de frente! Pero… ¿y el hilo al que me pueda coger? Quizá siempre estuvo en mi mano… aun no pudiéndolo ver.

A merced de la voluntad de mi sino; junco que arquea cuyo viento lo mece; vara de tallo alargado; escruta jalón que le marque camino. Ay… El día que advierta, distinga o perciba, la púa aunque espina de todo saber…

Ay… Saber… No pecar de lo que es ignorancia… “Ya que, el que cree que todo lo sabe”… Sólo sabe… ¡el que sabe saber que no sabe! Y este… este no es poco saber. Ya que, ¿qué es saber? ¿Acaso se le llamas saber, a palabras acumuladas? Ay… De necio no pecaré. Pues, el saber… ¡aún lo distingo del conocer!

¡Distingue la paja del trigo! ¡Ahí empezarás a saber! ¿Dista la mies de la espiga? Pues, la mies o la espiga es lo mismo, es la cosecha que se ha de segar.

Doctores tiene la iglesia… ¡presumen de todo saber! Pues… humillan al grano robusto, custodiando la paja al igual que tesoro. Luego, ¿si la majada mejora los campos? ¡El estiércol mejora la mies! Entonces… ¡a quién culpar de pecado! Si el bien no se ha distinguido, hasta que el mal no ha puesto sus pies…

Doctores tiene la iglesia… que presumen de todo saber…
La bestia, ¡desgarra la carne a su presa!… Para ella, nunca trofeo le fue. Si ya saciada comparte el despojo, ¿culpable se ha de sentir? Pávidos fines no la guiaron… ¡Cuentas a nadie le ha de rendir! Supersticiones, idolatrías, adoraciones… ¡no la inquietan cuando ha de elegir!

¡Quién lo hizo! ¡Quién lo obró! Que el hombre confundiera sus pasos… “No lo sabe cuándo eligió”…
El artesano, ya maestro y conocedor, en su mente la obra acabada. Hoy era leño mañana figura. ¡Ay!… ¡El hombre!… ¿Quién le hizo pensar, que eso pasó?… ¡Quién se lo hizo creer! Sí… El miedo a lo desconocido… El miedo por él eligió…

Político ya cardenal, obispo ya militar…
¡Egoístas! ¡Arrogantes! ¡Ególatras! ¡Petulantes!
Ay… ¿Estos no saben, que sólo sabe el que sabe saber que no sabe?… Ya que… ¡el que sabe que sabe saber que no sabe ya es mucho saber! Pues… ya sabe saber que no sabe…
Me cansan… Mi mente a veces callada ya que mi cuerpo no le hace cayado…
Me cansan… Hacen callar al que sí fuese cayado que guía sí fuese…

Oídos que se interpretan… ya que a sí mismos sólo se escuchan, ya que su mente, su pensamiento, en actitud de todo saber… ¡piensan que saben que sólo ellos saben!

Me cansa tanta arrogancia… ¡tened humildad!… ¿Quién sabe lo que es todo saber? Y en mi soledad…
A ti te digo, aun no me escuchases… ¿Qué es soledad? Que más quisiera, si no la viviera… ¡Pero sólo si solo me encuentro! Si en la soledad es que me veo, ¡que culpa mía no sea! Mas si la vivo y yo me lamento, es que sí es que solo me encuentro.
Quién me cubre si yo me lamento… ¡También es que solo se encuentra!… “Y no saber la razón”… ¿nos falta la inteligencia? ¡Por qué perder la razón! ¿La tengo? Sólo la encuentro, si a mí mismo me encuentro…

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